El aceite de oliva es un producto que utilizamos a diario en nuestra dieta por lo saludable que resulta. ¿Y si le añadimos cannabis? El aceite de cannabis no es tan conocido entre quienes no consumen marihuana, pero eso está cambiando, y con él ha llegado una avalancha de recetas escritas como si el resultado fuera predecible.
No lo es. Dos aceites preparados con la misma flor y la misma cantidad de aceite pueden salir muy distintos en potencia según a qué temperatura se calentó la materia prima, durante cuánto tiempo y con qué se hizo la extracción.
Esta guía repasa el proceso paso a paso —descarboxilación, elección del aceite portador, proporciones, tiempos, filtrado y conservación— con las cifras que se han medido en laboratorio, y explica cómo estimar la potencia de lo que acabas de preparar. También lo que casi ninguna receta menciona: que el problema real no es extraer, sino dosificar.
Qué es «aceite de cannabis» y qué no lo es
Bajo el mismo nombre conviven cuatro productos que apenas tienen nada en común. El aceite de semillas de cáñamo se prensa de la semilla y no contiene prácticamente cannabinoides: es un alimento, no un preparado activo.
El aceite infusionado es lo que se prepara en casa: aceite de oliva o de coco en el que se han disuelto los cannabinoides de la flor. Es de lo que trata este artículo.
Los extractos concentrados —RSO, BHO, extracción con CO2— son otra categoría: resinas espesas cuya concentración puede superar el 60 %. Y por último están las formulaciones farmacéuticas, como Sativex o Epidiolex, dosificadas al miligramo.
Antes de empezar: qué flor usar
Lo primero que hay que decidir es la materia prima, porque determina el resultado más que cualquier otro paso. Se puede utilizar marihuana rica en THC o flores de CBD, y la elección no es estética.
Quien busca un aceite con los efectos psicoactivos del cannabis necesita una variedad rica en THC. Quien quiere un preparado sin efecto embriagador debe partir de flor rica en CBD. Ninguna de las dos se convierte en la otra por mucho que se cocine.
Sirven los cogollos, pero también las hojas con tricomas y los recortes de la manicura, secos. De hecho el aceite es el destino clásico del material que no da para fumar: la extracción en grasa no necesita flor de primera, solo resina.
Descarboxilación: el paso que decide la potencia
La planta seca casi no contiene THC, sino su precursor ácido, el THCA, que no es psicoactivo. Hace falta calor para que pierda un grupo carboxilo y se convierta en THC. Lo mismo ocurre con el CBDA y el CBD.
Los estudios cinéticos publicados en Industrial and Engineering Chemistry Research midieron la reacción a 105, 115, 130 y 145 °C durante intervalos de 10 a 60 minutos. La descarboxilación sigue una cinética de primer orden y el THCA es el cannabinoide ácido que reacciona más rápido: unas condiciones adecuadas son 145 °C durante 17 minutos para el THCA y 130 °C durante 60 minutos para el CBDA.
El margen se estrecha por arriba. Por encima de 150 °C el THC se degrada a CBN, un cannabinoide con un perfil de efectos distinto y bastante menos potente. Por eso la pauta doméstica es más conservadora que el óptimo industrial: capa fina en una bandeja de horno a 110-120 °C durante 30-45 minutos. Se sacrifica algo de conversión a cambio de un margen de error mucho mayor, algo razonable cuando un horno doméstico puede desviarse 20 °C de lo que marca el dial.
Hay un coste inevitable: la descarboxilación evapora buena parte de los terpenos. Es una de las conclusiones del trabajo de Romano y Hazekamp, y explica por qué un aceite casero huele mucho menos que la flor de la que salió.
Ingredientes y utensilios
- Cogollos y hojas con tricomas, secos y previamente descarboxilados
- Aceite de oliva (o de coco, si se prefiere una textura sólida)
- Colador de tela, gasa o malla fina
- Olla o cacerola para el baño maría
- Un bote de cristal donde juntar el cannabis y el aceite
- Un termómetro de cocina, opcional pero muy recomendable
Los cogollos deben triturarse antes con un grinder, pero sin pasarse: moler hasta convertirlos en polvo solo arrastra más materia vegetal al filtrado final y ensucia el sabor.
Por qué el aceite de oliva es el mejor disolvente para hacerlo en casa
El estudio de referencia sigue siendo el de Luigi Romano y Arno Hazekamp, publicado en Cannabinoids en 2013, que comparó cinco preparaciones: nafta, éter de petróleo, etanol y dos protocolos con aceite de oliva en baño maría a unos 98 °C, uno de 60 minutos y otro de 120.
El resultado decisivo fue de seguridad. El análisis por cromatografía de gases y resonancia magnética nuclear detectó residuos de hidrocarburos de petróleo en los extractos de nafta y de éter incluso después de evaporar el disolvente, en una cantidad que, según los autores, igualaba aproximadamente el contenido total de terpenos del extracto.
El aceite de oliva, en cambio, retuvo mejor los terpenos —sobre todo con el calentamiento de 120 minutos—, no es inflamable, no requiere evaporación y no deja residuos tóxicos. La recomendación de los autores para la preparación doméstica fue explícita: aceite de oliva.
Paso a paso: el método del baño maría
Una proporción de partida razonable son 10 gramos de flor por cada 100 ml de aceite. Cualquier cifra concreta es orientativa, porque la potencia final depende del contenido de cannabinoides de la planta.
Llena el bote de cristal con los cogollos y las hojas ya descarboxilados y cúbrelos con el aceite de oliva. Coloca el recipiente al baño maría durante 90-120 minutos, removiendo de vez en cuando.
Es fundamental controlar la temperatura para evitar que el aceite hierva: si sube demasiado, retira el recipiente del fuego para que se enfríe un poco. El baño maría no es un capricho de método, es un seguro. El agua hirviendo limita físicamente la temperatura a unos 100 °C e impide que el aceite se dispare y degrade lo que acabas de activar en el horno. Calentar en un cazo directo al fuego es justo lo que provoca las pérdidas grandes de potencia.
Transcurrido el tiempo, deja enfriar y cuela el aceite para eliminar los restos de materia vegetal. Escurre bien el material: buena parte del rendimiento se queda retenido en la flor empapada.
Cuánta potencia tiene tu aceite: cómo estimarla
Ninguna cocina tiene un cromatógrafo, pero se puede hacer una estimación con tres datos y aceptando el margen de error.
Supón 10 gramos de flor al 15 % de THCA: son 1.500 mg de THCA. Al descarboxilar, la molécula pierde una molécula de CO2 y con ella parte de su peso: el factor de conversión es 0,877, así que el techo teórico son unos 1.315 mg de THC.
De ahí no se recupera todo. Una extracción doméstica en aceite rescata de forma realista entre el 60 % y el 80 % de lo disponible, así que quedarían entre 790 y 1.050 mg repartidos en 100 ml: en torno a 8-10 mg de THC por mililitro, unos 2 mg por gota.
El número no es exacto. Sirve para saber si estás manejando un aceite flojo o uno muy cargado, que es justo lo que hay que saber antes de la primera toma.
Filtrado, conservación y cómo se estropea un aceite bien hecho
Coloca el aceite ya colado en un recipiente limpio. Guardarlo en la nevera mejora la conservación, y el vidrio topacio u opaco es mejor que el transparente: la degradación del THC a CBN no se detiene al apagar el fuego, la aceleran la luz, el oxígeno y el calor. Un bote transparente sobre la encimera pierde potencia en semanas.
Llena los frascos hasta arriba para minimizar el aire de la cabeza. Y si el filtrado ha dejado restos vegetales húmedos, consúmelo en plazos cortos: la humedad y la materia orgánica son terreno abonado para el moho.
Etiquetar el frasco con la fecha y con los gramos empleados no es burocracia: es la única referencia disponible para ajustar la dosis más adelante.
La dosis: el error que manda gente a urgencias
La vía oral se comporta de forma muy distinta a la inhalada. La biodisponibilidad oral del THC ronda el 6 %, con un rango habitual del 4 % al 12 %, y el metabolismo hepático de primer paso lo transforma en 11-hidroxi-THC, un metabolito activo que atraviesa bien la barrera hematoencefálica.
El efecto tarda entre una y tres horas en aparecer y puede durar de 6 a 12. Esa latencia provoca el error clásico: no se nota nada, se repite la dosis y las dos acaban llegando a la vez.
Los datos clínicos lo reflejan. Monte y colaboradores analizaron en Annals of Internal Medicine (2019) las 9.973 visitas a urgencias relacionadas con cannabis registradas en el hospital de la Universidad de Colorado entre 2012 y 2016: los comestibles suponían el 0,32 % de las ventas del estado, pero el 10,7 % de las visitas.
Y si alguien piensa que la industria dosifica mejor, un estudio de Vandrey publicado en JAMA (2015) analizó 75 productos comestibles de dispensarios estadounidenses: solo el 17 % estaba correctamente etiquetado. De ahí la única pauta sensata con un aceite casero: empezar con una cantidad muy pequeña, esperar al menos dos horas y no repetir dentro de la misma sesión.
BHO: por qué el butano no es un método casero
El extracto de butano aparece en las mismas búsquedas y merece un aviso aparte. Un estudio publicado en el Journal of Medical Toxicology (Bell et al., 2015) revisó los ingresos por quemaduras asociadas a la elaboración de BHO en la unidad de quemados de Colorado entre 2008 y 2014: 29 casos, con una mediana de superficie corporal quemada del 10 % y un rango del 1 % al 90 %.
El butano es más denso que el aire y se acumula a ras de suelo. El termostato de una nevera o un interruptor bastan para encenderlo. Por eso está prohibido incluso donde el cannabis es legal: California prohíbe la extracción con disolventes volátiles sin licencia y en Colorado es delito grave hacerlo sin un sistema de circuito cerrado certificado.
Uso terapéutico: qué dice la evidencia
El informe de las Academias Nacionales de Ciencias de EE. UU. (NASEM, 2017) concluyó que hay evidencia concluyente o sustancial de eficacia de los cannabinoides en dolor crónico en adultos, en náuseas y vómitos por quimioterapia y en la espasticidad de la esclerosis múltiple referida por el paciente. En cambio, no existen ensayos clínicos en humanos publicados que demuestren que un preparado de cannabis cure un cáncer, pese a lo que se repite sobre el aceite de Rick Simpson.
Si tu interés es analgésico, ese uso concreto lo tratamos con detalle en nuestra guía sobre el aceite de cannabis para el dolor, con los tipos de dolor estudiados y las dosis manejadas en la literatura.
Marco legal en España
El Real Decreto 903/2025, de 7 de octubre regula por primera vez la elaboración y dispensación de fórmulas magistrales tipificadas de preparados estandarizados de cannabis, con un registro público gestionado por la AEMPS. Solo pueden prescribirlas médicos especialistas y se dispensan en farmacia hospitalaria. La AEMPS incorporó además al Formulario Nacional la monografía FN/2026/FMT/043, que tipifica precisamente una solución oral oleosa con THC y/o CBD.
Fuera de esa vía, el marco general no cambia: el cultivo para autoconsumo en el ámbito privado se tolera, mientras que la venta y la cesión a terceros siguen siendo delito, y elaborar aceite para otras personas se valora igual que cualquier otra forma de tráfico. Muchos consumidores se abastecen a través de asociaciones privadas, un modelo con reglas propias que explicamos en nuestra guía de clubs y asociaciones de cannabis en Barcelona.
Conclusión
Hacer aceite de cannabis en casa es técnicamente sencillo y la evidencia apunta a un método claro: descarboxilar por debajo de 150 °C, extraer con aceite de oliva al baño maría, filtrar bien y guardar en vidrio opaco y en frío, evitando por completo los disolventes volátiles.
Lo que no se puede hacer en casa es medir con precisión. Sin analítica hay estimaciones, no dosis, y ahí se concentran los problemas reales. Empieza bajo, espera y anota lo que usas: es la diferencia entre un preparado útil y una mala tarde.
This article is also available in English: How to Make Cannabis Oil at Home, Step by Step.



